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villancicos

Nochebuena paraguaya, nochebuena de Asunción;
ya se espera la llegada del Divino Redentor.

En los patios asuncenos juega luz multicolor,
alegría y esperanza, porque llega el Niño Dios.

“”Cristo nació””: el gallo cantó;
¿dónde…, dónde…?: el toro mugió;
“”En Belén””: la cabra baló;
“”Ya lo creo””: el loro habló.

Los pastores cantando van;
los Reyes Magos acuden también
y todos fueron camino a Belén
para adorar al niño Rey.

Cristo nació… Cristo nació… Cristo nació…

Cuando los reyes vieron al Niño,
En un portal cerquita de Belén;
Se confirmó, la tradición más fiel
Que habla de su gloria, hasta la eternidad.
Cuando los reyes vieron al Niño,
En un portal cerquita de Belén;
Sin vacilar, el mundo va de fiesta,
Y cada corazón musita esta oración.

Dios del cielo, que hiciste la mañana;
Y también, que brille más el sol.
Dios del cielo, bendice nuestras almas,
Tú que traes el amor.

Cuando los reyes vieron al Niño,
En un portal cerquita de Belén…
El es la fuente, la luz resplandeciente,
Señor omnipotente, la gloria eres tú.

Dan don, dan din don (3).

Pastores y pastoras venid, venid a adorar,
al niño que ha nacido en un humilde portal. (bis)
Venid, venid, llegad, llegad, a ver al Mesías
que ha nacido ya. (bis)

Quisiera niño hermoso llevar a tus pesebres,
los más ricos pañales, en prueba de mi amor.
Más no pudiendo hacerlo, pues tu te lo mereces,
recibe cariñoso, mi tierno corazón.

Pastores y pastoras ,venid, venid a adorar,
al niño que ha nacido en un humilde portal. (bis)
Venid, venid, llegad, llegad, a ver al Mesías
que ha nacido ya. (bis)

En torno a la mesa
es todo alegría,
se olvida una pena,
se olvida el rencor.
Y en la cabecera,
la abuela dichosa
estrecha amorosa
al nietecito menor.

Dos lágrimas tiemblan
en cada pupila,
refleja su rostro
feliz emoción.
Los nietos rodean
su blanca cabeza,
formando una rueda
de dicha y amor.

Brindemos, hermanos,
brindemos, amigos.
Salud para el Padre,
bendígalo, Dios.
Y para tí, Madre,
un beso profundo
de mi corazón.

Cabalgando sobre el lomo de una estrella,
A través de la celeste inmensidad,
Recorrió la soledad del universo
El divino mensajero de la paz.

Descendió de los dominios del Eterno
A posarse suavemente sobre el mar,
Y al abrir emocionados la escotilla,
Era el hijo de una madre virginal.

En el seno de una niña nazarena
Fecundó, como un milagro singular,
El Espíritu de Dios a Jesucristo
Rescatando al pecador en navidad.

Y marchó por los senderos de Judea
Transportando la pobreza en su morral
San José, con el bastón de caminante,
Lentamente dirigiéndose al portal.

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